
Silvia Mellado
Sin título (Especial para el LectoChupi)
Lo que iba a decirte cayó
(Hora Blanca)
No tenés papel
Próximo LectoChupi, miércoles 24/11; 21 hs. Dgnal España 169-Nqn.
Leen... (La casa se reserva el derecho de admi-nistración de las bebidas)
Despertamos con la baba seca
que fuimos desprendiendo por la noche
hasta convertirla en la pasta que descansa
en nuestras almohadas percudidas.
Me fui a vivir con vos, tres años ya.
No. No teníamos heladera mesa ni sillas
una pava abollada que yo traía de otra relación,
un termo metálico, de esos de los que al
cerrar hace tlack! abre haciendo tlack!
que guardabas de una expareja, con bolsito de cuero
incorporado. Ahora luego de tres años
fregando el patio y cocinando para dos
compramos una palmera de interior y
una maceta de cemento que pinté de negro
con brea que no dejará pasar la humedad.
Me gusta despertar
me gusta la vida free
me gusta que estés vos a mi lado
me gusta que la tormenta haya pasado
me gusta que en estos tres años solo discutiéramos sobre boludeces.
Bruno Revello, neuquino como la corrupción. Nació el mismo día que Al Scarface Capone, Cassius Marcellus Clay Jr. y Anne Brontë, aunque en 1985. Estudia Letras en la UNCo, es Técnico electrónico y bombero desempleado, por lo que se desempeña reparando computadoras e instalando Windchots XP piratas. Publicó: Cabezotas Peladas y Otros (2009) (poemario erótico de autodescubrimiento corporal), Perro Nuevo Perro Viejo (2010). Es el editor Responsable de Cartonerita Solar.
Hernán Lasque (Entre Ríos, vecino del compositor agrario Alfredo de Angelis). Reside en Nqn desde el 2005. Ratón Blanco (Colisión Libros-2009), su primer libro de cuentos fue traducido al Alemán, y presentado en la Feria del Libro en Frankfurt (a que no saben para qué fue la Cristinita a Frankfurt?, chiiii). Ha publicado poesía en las revistas “Puentes Amarillos”, "Generación Abierta". El año próximo publica su primera novela.
El Ciclo Lectochupi es un servicio de extensión de Departamento Litero.Báquico.Poronguiti.ano para promover el alpedismo a mitad de semana. Rejunte para leer (y oviamente escuchar) pus-esía, cuentos breves, fragmentos de novelas, ensashos y cuanta letra encontremos y nos produzca placer. Con y/o sin debate.
Miércoles 10/11....21 hs.
Dgnal España 169. Neuquén-cap.
Llevar algo para humedecer las gargantas y alguna lectura para compartir.
1. volver
más adentro
a escarbar el propio desierto.
2. A las siete vi hombres borrachos
zigzagueando entre la ruta y la banquina cada
tantos metros también vimos aparecer mujeres
que hacían dedo en las encrucijadas esperaban
el transporte destartalado con hombros cediendo
a la gravedad llenas de hijos manifiestos del arte
enfermo ellas emergían como ese relieve extraño
que se forma en la corteza de un árbol una obra
raramente hermosa salida de un cáncer,
la defensa bella de algún lacerado.
3. La boca de la cantera desde el mirador
tiene el tamaño de un pomelo pero es oscura
no hay una fruta grandota renegrida
que se le compare, que dé miedo.
Qué ironía que la cantera de oro se llame
como mi pobre abuela pobre.
4. Su nieta me contaba que caminaba por
los túneles miedosa llevando la vianda para el padre
y sus hermanos
y que una vez entregado el manjar
corría a la salida con miedo de derrumbe
con alientos siguiéndole los pies
en esa gran garganta
que ya está muerta.
5. Cierro los ojos para transportarme
hacia ese agujero y caerme de espaldas infinitamente
con esa sensación de borracha que recorre
en cada una de sus dimensiones el espacio de la silla
al suelo. Cuando llego rozo el pelo de mi madre fino
que apenas se mueve aparecen gotas de sudor en sus
mejillas y la encandila el sol, a la salida, la rescata de la
ceguera temporaria la mano de mi abuela
cansada de ofrecerla como becerro al sacrificio.
6. Más tarde bordeé las lagunas
solitario casi inmóvil
extendés el brazo en una tanza que corta el aire
y dibujás curvas invisibles, burlás, desde la orilla
la gula del cardumen.
Yo hablo y tengo manos
y el deseo, también, me cose la boca.
7. Vi la punta de un zapato negro viejo y a medio enterrar
entre piedras lajas fragmentadas.
Luz de día a dos mil metros de altura. Sopla brisa enérgica
que no lo mueve. Es fácil imaginar
el rostro que lo precede y lo sucede,
sea el del que una vez lo dejó, el del que lo encuentra ahí,
blasón de lo escabroso
que resulta
transitar.
8. Para viajar tenés que primero salir de casa
Lo Leí en cada grieta marrón oscura del iris de mi madre.
Me coartaba
con esa mínima cámara filmadora
la huida
retrasada
pero un día me animé y compré boleto
para cruzar esa puerta.
9. No voy a hablar de la ciudad
de ninguna
atolladas en la boca
de la misma manera que unas piedras en el riñón
izquierdo
rebalsan una biblioteca
10. y al nombrarlas corro el riego de caer
descontextualizada
como esas piedritas recogidas en el camino
y que, pasado un tiempo,
no fuimos capaces de recomponerles
su espectacularidad.
11. Pero volví y ahora miro todo, como puedo,
contra la impertinencia del sol entrando
tan de madrugada en el bar de siempre
en el que estamos
todavía
con la borrachera a cuestas
12. (la última vez que lo hice
ella estaba en la puerta que daba a la calle
con un gato en la mano
acariciaba el calor de ese pelo)
13. Ahora miro y, mientras,
los continentes
se siguen desplazando
(hace millones de años este pueblo era una playa)
y nada cambia demasiado pues sigue siendo
el doble de una ribera
el lugar
que propende
al espejismo.
14. (y esa mano que se entrecruzaba en las suyas
y la llevaba
a cuidarle los hijos que despiadadamente
le hizo
mientras yo no estaba)
15. Volver al bar
antes
que a la casa materna
(el cráter de la lengua y de la leche)
ese puerto de capitanes de navíos sin agua
16. cantina de narradores olvidados
por el mercado
poetas canonizados por el porro y el vino barato
borrachos
buscadores del arca en pleno desierto.
17. Este de cierto
que no se inunda más que de sequía
y de palabra.
18. Han remodelado la casa tirado abajo una pared.
El lugar en el que él se emborrachaba y anunciaba
su muerte es el mismo en el que ahora habríamos de
sentarnos a hablar civilizadamente del tiempo
y de los viajes.
19. La ventana sigue siendo la pantalla plana
con parsimoniosos documentales
aparece la pachicho atravesando el plano
pelo teñido arrollado nunca fue ni ex snob ni ex burguesa
nunca pronunció pañuelo con una ñ decente
20. fue pariente paciente del hermano y de los golpes y
también de los hongos
de los niños bien
que nos querían mal.
21. Ahora estás en la cocina
ese camisón se agranda sobre tu cuerpo viejo
no hace falta que me digas nada
cuando la pesadilla queda en los ojos y los hincha
apenas se puede mirar
22. te es imposible sortear esa montaña de piel inflada y de
pestañas
para descubrir un horizonte de algo,
todavía peinás angustias
con manos mecánicas de muñeca averiada
y eso que ya no somos los hijos que tomarían la leche tibia del desayuno
haciendo de nuestros capricho el mundo.
23. mami: hay algo del pasado que no está resuelto
y lo he heredado creo que en tu vientre
es eso que hay que buscar y que me echa afuera
un bicho que me muerde si estoy en estos sillones arrellanados
la misma sensación de antaño cuando mirábamos la tele y detrás
nuestro
emergían chispas tormentas ruidos de cuernos
pequeñas tauromaquias domésticas.
24. Hace unos días las sábanas tapaban mi pierna,
simulaban una amputación.
Había algo del orden de lo simbólico
en eso que me faltaba
que dejé
que fue comido.
25. ¿Alguna vez te sentaste frente a la playa?
Allí los hombres ejercen su mirada de mar
aquella que se suspende
en un punto fijo
y ansían llenarlo
con otras cosas.
26. Y Las mujeres se toca las axilas
las miran casi las huelen
en gesto de gato que se limpia
se enroscan por poco
entre sus propios brazos
y el cielo se oscurece
de una lluvia que rara vez cae.
27. Cada uno de todos ellos
son un pequeño universo aislado
ninguno
parece
acceder
a los ruegos del otro.
Antes rogaban más –todos– al sol y a los apus y la alegría de servir, dicen, los iluminaba illu ulla becerro –decapitado– illa luz.
28. Ahora es Yllariy ¿Seguís coleccionando cantos?
La línea se enrosca en espiral
sobre y desde la piedra
un fósil tallado por nadie
¿quién lee la sucesión de edades
los rituales los canibalismos?
¿sólo el que está de paso
el eterno migrante?
29. ¿Aquel que no entiende
y decodifica lo que le parece
explotando la ambigüedad
de las palabras la invención
del lenguaje?
Los cantos se han apagado
tu voz era fina
¿olvidaste las canciones?
apenas un murmullo
y ese sonido
cuánto
decía
30. Caminamos
sobre restos a los que ningún edificio disimula
– ni tumbas –
tal es la fatiga
de tanta arenga.
Pero abajo están los cantos,
las piedras talladas
eso que persiste y esconde
la copla
el temblor de tu voz
dejándome su huella
para volver
más adentro
y volver
Kolymá y La Divina Tragedia
(La Poronguita Nº 14, 2003)
Varlam Shalámov cuenta en su “Noches Atenienses” que según Tomas Moro, las cuatro necesidades básicas del ser humano son: la necesidad de satisfacer, el hambre; el deseo sexual, la necesidad de orinar, y la de cagar.
Pero Tomas Moro nunca estuvo en un campo de concentración.
“En el campo nos privaban justamente de esos cuatro placeres fundamentales. Las autoridades consideraban el amor una necesidad que podía ser eliminada, encadenada, desfigurada... «No volverás a ver un coño vivo en todos los días de tu vida» era la mayor agudeza que se les ocurría a los jefes del campo.”
“El hambre era insaciable y nada puede compararse con esa sensación de hambre constante que era el estado habitual del preso de los campos (...) Junta escudillas en el comedor, lame los platos de otros, recoge las migajas de pan en la palma de la mano y las atrapa con la lengua y todo eso no hace sino despertar en su estómago una reacción puramente cualitativa. Satisfacer un hambre así no es sencillo, es imposible. Coma lo que coma, en media hora querrá comer otra vez.
¿El placer de orinar? La incontinencia urinaria es una enfermedad masiva en el campo, donde se pasa hambre y los despojos humanos agonizan. ¿Qué placer puede haber en orinar, si desde la litera de arriba te chorrea la orina ajena sobre la cara? Pero aguantas. Sabes que estás acostado en la litera de abajo por casualidad, pero podrías estar en la de arriba y entonces tú orinarías sobre el de abajo. Por eso tus insultos no van en serio, lo que haces es secarte la orina de la cara y seguir durmiendo con un sueño pesado en el que sólo ves una cosa: barras de pan que vuelan planeando como ángeles en el cielo...
¿Defecar? La defecación para los despojos no es una tarea sencilla. Abrocharse los pantalones con un frío de cincuenta grados bajo cero es algo superior a sus fuerzas, y además el despojo sólo defeca una vez cada cinco días (...). Arrojar pelotillas de excremento seco significa que el organismo ha exprimido todo lo que puede ayudarlo a conservar la vida.
Ningún despojo humano experimenta satisfacción o placer al defecar. Al igual que al orinar, su organismo trabaja independientemente de su voluntad y el despojo debe darse prisa en quitarse los pantalones. El preso astuto, reducido a un estado semianimal, aprovecha la defecación como un descanso, como un respiro en el vía crucis de la mina de oro. Es su única astucia en la lucha contra el poderío del Estado, contra ese ejército de millones de soldados escolta, de organizaciones sociales y de instituciones estatales. El despojo humano se opone a esa fuerza colosal con todo el instinto de su trasero.
(...) Los intentos de descansar desabotonándose los pantalones y sentándose un segundo (un instante menos que un segundo) para librarse de los tormentos del trabajo, son dignos de respeto. Pero estos intentos los hacen sólo los novatos, ya que luego es más difícil y más doloroso enderezar la espalda. Pero el novato utiliza a veces este método ilegal de descanso y hurta, roba algunos minutos a la jornada de trabajo estatal.
Entonces, el escolta interviene con el fusil en las manos para desenmascarar al peligroso criminal-simulador. En la primavera de 1938 fui testigo, en la galería de una mina de oro, en el yacimiento Partisan, de cómo un soldado de escolta, agitando el fusil, le exigía a mi compañero:
«¡Muéstrame tu mierda! Es la tercera vez que te sientas. ¿Dónde está la mierda?»
Estaba acusando a uno de los casi cadáveres de ser un simulador.
No encontraron la mierda.
El despojo humano Seriozha Klivanski, mi compañero de universidad, segundo violín del Teatro Stanislavski, fue acusado ante mis ojos de sabotaje, de descanso ilegal, mientras defecaba bajo un frío de sesenta grados bajo cero; fue acusado de detener el trabajo de la cadena, de la brigada, del sector, de la región, del Estado. Igual que en la conocida canción sobre la herradura a la que le faltaba un clavo.1 Acusaban a Seriozha no sólo los guardias, los escoltas y los jefes de equipo, sino también sus compañeros de trabajo, de ese trabajo que cura y redime de todas las culpas.
En efecto, no había nada en el intestino de Seriozha. Tenía, eso sí, enormes ganas de defecar. Pero habría sido necesario ser médico, y además no de Kolymá, sino un médico de la capital, experimentado, anterior a la revolución, para comprender y explicar todo eso a los demás. Seriozha esperaba que lo fusilaran por el simple hecho de no haber tenido mierda en el intestino”.
Varlam concluye que aún si las cuatro necesidades (...) habían sido pisoteadas, rotas, estrujadas, (...) su exterminación todavía no señalaba el final de la vida..(...). Después de la resurrección (...) el prisionero del campo de concentración se sentaba en el «ojo», siguiendo con interés el movimiento de algo suave y tibio que se arrastra por su intestino ulcerado sin dolor, como si al excremento le diera pena dejar las tripas. El excremento caía en la fosa, salpicando, con un chapoteo, y se quedaba flotando mucho tiempo en la superficie, sin encontrar su lugar. Ése era el principio del milagro. Y he aquí que ya podías orinar –incluso por etapas– deteniendo la orina según tus deseos. Y esto era también un pequeño milagro.
Y he aquí que, de forma más aguda que el pensamiento sobre la comida, surge una nueva necesidad, una exigencia completamente olvidada por Tomás Moro en su burda clasificación de las cuatro necesidades humanas.
La quinta necesidad es la necesidad de la poesía.”
Por la Nieve
¿Como se abre camino en la nieve virgen? Un hombre echa a andar, suda y blasfema, avanza sin apenas poder mover los pies, hundiéndose a cada instante en la esponjosa y profunda nieve. El hombre se marcha lejos, marcando su camino can irregulares hoyos negros. Se cansa, se acuesta en la nieve, enciende un pitillo, y el humo de la majorka[1] se extiende en una nube azulada sobre la nieve blanca y brillante. El hombre ya se ha marchado lejos, pero la nube sigue suspendida en el lugar en que se había detenido a descansar: el aire es casi inmóvil. Los caminos se abren siempre en los días de calma, para que los vientos no barran los trabajos de los hombres. El hombre se marca sus propios puntas de orientación en la infinitud nevada: una roca, un árbol alto. El hombre guía su propio cuerpo par la nieve del mismo modo que un timonel dirige la barca par el ría de un saliente a otro.
Tras el angosto e inseguro rastro trazado se mueven cinco a seis hombres pegados el uno al otro, hombro can hombro. Pisan junto a la huella, pero no en ella. Al llegar a un lugar señalado de antemano regresan, y de nuevo caminan de manera que se aplaste la virgen superficie nevada, el espacio aún no hollado por pie humana alguno.
El camino esta abierto. Par él puede ir gente, convoyes de trineos, tractores.
Si se sigue tras los pasos del primer hombre, huella a huella, se formará un sendero visible pero difícilmente transitable y estrecho: una trocha y no un camino, lleno de hoyos par los cuales es mas difícil avanzar que par la nieve virgen.
El trabajo mas duro es para el primero, y cuando a éste se le agotan las fuerzas, lo reemplaza otro, de aquel mismo quinteto de cabeza. De entre los que siguen los pasos del primero, cada uno de ellos, incluso el mas pequeño, el mas débil, debe pisar un pedazo del manto nevado y no alguna otra huella.
Y sobre los tractores y a caballo no viajan los escritores, sino lectores.
1956
[1] Se trata de una especie de tabaco muy áspero y basto, semejante a la picadura